Ballmer y las sombras de los genios

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Una de las cosas que más me sorprende de los genios es que buscan ser diferentes. Esa locura, de apostar por aquello que nadie ha hecho, es lo que le da valor a una idea. Una idea nueva. Algo que no es tan corriente dentro del campo de la tecnología hoy en día. Parece que los gigantes se limitan a seguir los pasos de quienes llevan la batuta del concierto. Le ha ocurrido a Apple con Samsung -y viceversa-, con los casos, bien conocidos por todos, de copias de patentes. Ahora, aunque esto tampoco es nuevo, le sucede lo mismo a Microsoft.

Steve Ballmer se llenó la boca durante años mofándose de lo ridículo que era crear un smartphone sin teclas. Lo táctil sonaba a futurista y a complicado y, en este caso, Ballmer creía que lo cómodo, lo ya establecido, era lo que la gente iba a preferir en el futuro. Fue toda una equivocación. Ya ha tratado de subirse a la ola de las pantallas sin teclas con sus Lumia y también con la Surface, sin embargo, lejos de apostar por algo revolucionario, Microsoft vuelve a mirar a quien tiene arriba para tratar de imitarle y sobrevivir.

Es complicado, eso de sobrevivir, en el competitivo mundo de la tecnología. Microsoft lo sabe bien. Lejos quedan esos años en los que el sistema operativo Windows acaparaba todas las miradas a uno y otro lado del Atlántico. La gente se maravilló de un sistema ágil, cómodo y accesible. Microsoft aprovechó para hacer caja y consiguió ser el número uno. Después llegaron los rivales y comenzaron a ponerle piedras en el camino. Todos sabemos la consecuencia de esto: constantes actualizaciones de Windows que no han terminado de convencer como antaño.

Pero, ¿qué ocurre si ya no sólo se copian las caracterísiticas o los productos, sino también la propia estructura de empresa? Esa es la próxima guerra abierta por Ballmer, que quiere que Microsoft sea “más como Apple”. La idea es compleja: reestructurar sus divisiones de software y medios, para centrarse en los dispositivos móviles y las consolas. Será su gran reforma de los próximos cinco años y dará a término una estrucutra de ocho divisiones basadas, cada una de ellas, en sus funciones clave.

Cuidado porque no todas las copias son efectivas. Quizá por ello se ha tardado tanto en cambiar lo que parecía un castillo de naipes. Y es que si queremos hablar de la última reorganización significativa de Microsoft tendríamos que remontarnos a julio de 2008, cuando Ballmer hizo que la División de Servicios y Plataformas se fragmentase en tres unidades independientes: Windows, servicios online y servidores y herramientas. Una de las primeras consecuencias de todo ello: el abandono del jefe de esta última división, Kevin Johnson, que pasó a unirse al equipo de Juniper Networks.

Calcar modelos no es tan fácil cuando hablamos de grandes estructuras, cada una de las cuales tiene sus propias peculiaridades. Tendremos que ver si esta nueva apuesta de Ballmer sale o no como él espera.

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